Juguetes bélicos sí…juguetes bélicos no!!

Antes de comenzar el debate de… si “juegos bélicos sí o juegos bélicos no”, yo partiría de la base de comprender la importancia del “juego” en sí mismo. La importancia del juego en el desarrollo de los niño@s, en su aprendizaje del mundo y del entorno que les rodea, así como del papel tan importante que juega en la socialización.

Los niñ@s basan su aprendizaje en la imitación, a su vez, el aprendizaje se lleva a cabo a través del juego. Dicho esto, que las niñas jueguen a muñecas y a “cocinitas”, y los niños a coches y “vaqueros” es algo relacionado con el modelo que imitan reflejo de la sociedad en la que viven.

Creo que el debate es más profundo que si se debe o no comprar ese tipo de juguetes. Si decides no comprar esos juguetes a tu hijo, seguramente, lo cogerá prestado de su “amiguito” del parque o de su compañero de clase. Es decir, conseguiremos una respuesta de reactancia del niño  ya que aquello que no se nos permite o que no se nos da la opción a elegir se convierte en un deseo fuerte y profundo donde el niño reacciona revelándose contra la prohibición.

Yo no soy partidaria de prohibir sino de “educar” en valores, en tolerancia, en respeto y sobre todo educar en la realidad. Explicar a los niños, con las palabras adecuadas, qué es la guerra, qué consecuencias produce y que empaticen con los niños que sufren una guerra.

Conclusión, nuestro hijos juegan imitando la imagen que la sociedad proyecta en ellos así que para cambiar la preferencia de los niños por los juguetes bélicos se debería cambiar toda la sociedad respecto a este tema. Es decir, que nuestro hijos viviesen en un mundo donde las armas y la guerra no existen. Desgraciadamente, este cambio no depende del movimiento ciudadano en contra de la violencia o los “juegos bélicos”, en este caso, sino de los gobernantes de todas las naciones del mundo…a día de hoy una utopía…la paz mundial. Por lo tanto, antes de prohibir y restringir creo que es mejor educar, informar y vigilar en el uso de estos juguetes y del grado de violencia o agresividad que proyectan sobre el juego. No es lo mismo una pistola y sombrero de vaquero que un videojuego con soldados tiroteando y sangre por todas partes. Como padres no podemos estar al margen del mundo, ni aislar a nuestros hijos en “burbujas” pero sí podemos educarles, enseñarles la realidad y, como no, poner límites.

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